Pequeño desvarío geológico

Tendré que inventar muchas flores con sus nombres

para llenar el pedacito de tierra

enfrente de mi casa

Mi tiempo es el del agua y las cordilleras

que bauticé antes con voz de ciruela

fuerte aunque fuera ajena

El cuerpo se hace día tras día con metales pesados

un plomo que desgarra la tráquea

desliza sobre sí las horas

Mi pecho es el mayor terreno deshabitado

un jardín estirado y lleno de grietas

el metal se templa con vino

Tendré que ofrecerle muchas hojas de papel blanco

para que firme con paciencia

y me explique lo que quiera

Pero me ve de frente, me desangra y me enerva

me drena y luego, me encierra

para caminar por el jardín

No se encuentra con nada porque nada me ha hecho falta

extraño palabras que podría forjar

como una cordillera

O como una flor fragilísima

que llevara, pues, su nombre.

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