Semillas

Kenneth Noland: Límite de la tierra (1960)

Hicimos pasar por literatura una colección de ironías de autoría propia para entretenernos un rato. Para aprovechar las impudicias del mal llamado versolibrismo, compusimos ahí, uno frente a otro, en la mesa pulcra y vacía de cigarros (ahora, no como hace tres años), una decena de pedacitos de prosa muy adornada. La escribimos sobre las servilletas mojaditas de café en las esquinas y las reacomodamos para que, ahora sí, se vieran como poesía. Orgullosos uno del trabajo del otro, procedimos a leernos las piecitas en voz baja o a gritos, según reclamara el texto.

Confudidos un poco, satisfechos otro tanto, ciertamente repletos de cafeína. Nos quedamos viendo al cableado eléctrico, a y saltamos de cabeza dentro del domingo. Caños limpios, bicicletas brillantes, pájaros desprendiendo millones de hojas de árboles altísimos. Se le ocurrió buscar mi mano, que ya llevaba oculta entre los pliegues de mi abrigo. Pensé en la mano de un chiquito, empapada de sudor y fría al tacto. Pensé en los pies de un bebé balanceándose en el aire. Luego en la sensación de las plumas sobre el pechito de un pájaro herido, cálido.

Se desplegaban panoramas inmensos de paisajes diminutos. Una noche estrellada reflejada en un charco sucio en una esquina cerca de la Corte. Sentí su mano en mi nuca. Traía dos helados de palito, casi derretidos. Me sentía llevar por semáforos y bloques de cemento amarillos, celestes, blancos. Creía verlos deshacerse en polvo y convertirse en montañas muchos millones de años después. Algo se le había ocurrido decirme cuando salíamos del café, algo así como que quería sentirme más cerca todavía o que nos dejáramos de fronteras y de límites. Se mordía el labio. Sangraba microscópicas gotas de hierro.

Un placer incorpóreo se apoderaba de todo. Una sensación sin células nerviosas. Era irrelevante la poesía porque ya todo el mundo conoce todas las palabras. Ahora había que recoger las semillas desperdigadas sobre la superficie vasta y convexa de la roca gigantesca que empujamos cuesta arriba por todo el resto de la eternidad, hemos venido a llamarla mundo y según la religión preferida del poeta, ha sido también cuerpo.

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2 comentarios en “Semillas

  1. Ufff, me ha encantado leerte. Todo el mundo conoce las palabras como bien dices pero no todos saben acomodarlas de acuerdo al juego que escogemos, es por eso que sigo creyéndo que la poesía libera y exorcisa, se levanta para iluminar el camino y sostener el mundo. Muy bueno tu texto. Un abrazo!

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