Zig zag 1

La mujer de enfrente desliza sus dedos por su nuca. Recorren la piel arrugada y salpicada de manchitas cafés. Al lado de ella, el niño apoya la barbilla en el asiento delantero y ve las gotas de lluvia acumularse en la ventana del bus. El ruido ensordecedor de la tormenta no logra apagar a Javier Solís en la radio.

Siento a mi vecino moverse, tratar de acomodar su corpulencia sin estorbarme, pero es imposible, es demasiado grande y me arrincona contra la ventana. Dejo caer el libro dentro del bolso, reviso que mi paraguas siga ahí y lo cierro. Pienso en el incienso barato de canela que compré para no rechazar a la señora que los vendía. En mis camisas recién lavadas que se están mojando porque no cerré la ventana del patio. En el cable de guindar la ropa que tengo que arreglar. En Viviana ocasionalmente. En papá que me obliga a ir a ver partidos a su casa, a hartarme de maní y mini pretzels, Pepsi y a escuchar Aerosmith en loop.

Me incomodan tanto las tennis empapadas que desearía quitármelas ya. No sabía que había bus de diez y veinte. Jamás imaginé que vendría tanta gente. Veamos: la mamá y el niño; el hombre de al lado que se subió cuando el bus todavía estaba lleno y no ha intentado moverse, ah, ya se baja; la hija del que atendía en el bazar antes y que quedó embarazada a los quince; dos tipos con piercings idénticos en lafa ceja derecha y sweater negra y grande; una barba con persona, no más. Viviana debe estar

no sé adónde

no sé si ella todavía tiene mi paraguas azul

lo compramos a mil quinientos

en Alajuela.

El día que yo me muera no habrá que usar la balanza pues pa velar a un cantor la lluvia no me deja oír. Aún no puedo creer que lo mataran así a Facundo Cabral. Nunca supe que a mamá le gustaba hasta que la vi llorando. Hasta que vi los helechos de noche cubiertos de gotitas que vibraban con notas muy apagadas, casi apagadas, casi muertas, de guitarra. Mi hermana se sentaba en esa silla de mimbre frente a los helechos a ver lluvia caer y a ver sol caer.

La espuma al lado del chofer está repleta y esa moneda de 25 ya se cae y va a rodar por el caño y por la calle y se va a herrumbrar a menos que alguien la recoja y la sume a la cuenta de sus pases.

Ay. Qué paciencia hay que tener. Qué hará la gente que no tiene paraguas. Qué hará la gente que no tiene zapatos calientes y secos para ponerse en la casa.


Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s