Aire de diciembre

Cada noche, él sube al techo de la casa, con cuidado de no hacer mucho ruido, de no pisar la lata equivocada para no despertar a mamá ni a las vecinas. A veces se encuentra con uno o dos gatos; éstos se pelean, se aman, corretean, duermen acurrucados en una esquina seca cerca de las canoas. El aire nocturno, poblado solo de pitos de taxis en la otra calle, de la luz enceguecedora del rótulo gigante del Hiper Más y del olor de la humedad en las azoteas. Las manos heladas abrazan su propio diminuto cuerpo.La brisa mueve el cabello oscuro en todas direcciones.

Los labios tiemblan para pronunciar palabras sueltas, o para combatir el frío. El chico se sienta en el borde del techo, con cuidado de no patear la escalera (o no tendría cómo bajarse), y toma un profundo respiro. No huele a candelas de vainilla, ni a madera vieja, ni a café, como dentro de la casa. Tampoco es que el aire de la ciudad sea puro, ni mucho menos, pero los aromas no se impregnan en la ropa inmediatamente como dentro de la casa minúscula. Aunque haga frío, él sube para respirar, y para pensar un rato.

Las ideas van y vienen como las bolitas en las máquinas tragamonedas de la pulpería. Chocan aquí y allá, iluminan tal o cual banderita, aumenta el puntaje del jackpot. No tiene otra forma de organizar sus pensamientos que no sea esa, es lo único que se le ocurre. Líneas formadas por colores disímiles y banderas de países que nunca visitará, que no sabría ubicar en el mapa. Pero le fascinan terriblemente. Todo Brasil se contiene en ese rectángulo verde, en el rombito amarillo, en el globo azul en el que no lee bien qué dice. Todo está allí adentro.

Tampoco sabe los nombres de las constelaciones, si acaso recuerda algunos, pero jamás podría asociarlos con las estrellas correspondientes. En todo caso, ve muy pocas. Lucecitas que parpadean detrás de algunos jirones de nube, de vez en cuando. La luna llena, lechosa e imponente. Los camiones estacionados en el lote de enfrente. Voces de gatos errantes a las dos de la mañana. La sensación de estarse perdiendo algo importante que sucede en ese momento.

En cierta ocasión oyó a su mamá pronunciar el nombre del padre hace mucho perdido, cuando le contaba algo a una vecina. Pero no lo recuerda bien. Pensar en su papá, cuya cara se borra como las letras pintadas en la pared de la pulpería y los afiches de Coca-Cola ya amarillos, lo hace pensar en árboles. En árboles cualquiera. No sabe por qué. Mangos. Eucalipto, en La Sabana. Pero la última vez que fue a La Sabana fue cuando tenía diez años y no recuerda bien. Los koalas se alimentan de eucalipto. Pero no recuerda tampoco cómo luce un koala.

Hace más frío del normal esta noche. Aire de diciembre. Las luces navideñas que cuelgan del borde del techo de la casa al otro lado de la calle. Los renos que mueven la cabeza en el jardín de los vecinos.

Todo lo que está al otro lado. Sus manos se sienten ajenas sobre sus hombros. Como si alguien más estuviera allí.

Cipreses verdes,

Un gato gris maúlla;

El poder creer.

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3 comentarios en “Aire de diciembre

  1. Esto que acabo de leer mi amigo, es maravilloso como lo vas describiendo con grandes detalles, cotidianos algunos y otros en sueños preciosos bien estructurados. Vivir con ese recuerdo del ausente nos eleva a construir imágenes y nos arropamos muchas veces en ellas, al sabernos solos, es triste pero afrontarlo es la puerta a la libertad de nuestra alma. Tienes buena pluma de veras, escribes muy, muy bien, y este en particular me para genial. Un abrazo muy grande, espero que estés pura vida, y gracias por acompañarme en mi blog.

  2. Es orlando otra vez haha, me he hecho fan de sus escritos, y de sus aficiones, de alguna manera, me identifico en un monton de cosas que hace, ademas de las peliculas, como en escribir, que tambien lo adoro, pero casi nunca lo hago, por distraido, o leer, que tampoco lo hago por distraido, auque si hago muchas listas de cualqueir cosa, por las cuales tengo una obsesion. En todo caso, muy buena reflexion, lo sumerge a uno y pude imaginarlo todo. En el globito azul de Brasil dice Ordem E Progresso, haha, y yo si me se todas las constelaciones, porque las uso para mi historia, y trato de aprendermelas… hay una cancion de Stratovarius, que se llama eternity, que hable sobre tener un clon por ahi que hace todo lo que uno hace. Seria interesante analizarlo. Un abrazo en todo caso. El universo acuta misteriosamante, como siempre.

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