La fuga

Caminamos por un larguísimo puente que no nos lleva a ningún lugar especial. Debajo, el río que no deja de correr, nunca lo hará, hasta que el sol haga reventar la tierra por el calor y la sequía mate todas las vacas que pastan en ambas orillas. Nuestras manos se deslizan por las cuerdas viejas que sostienen las tablas; la piel suave de las palmas se rompe con el roce.

Las colinas se tornan azules en esta luz. Las casas que se ven a lo lejos parecen vacías. Los campos de colores se extienden en todas direcciones; pequeñas manchas coloridas serpentean entre las montañas. El pequeño valle ha sido separado del mundo.

Supongo que tuvimos algún sueño antes. Huimos de lugares solitarios para tenernos solo a nosotros dos. Creo que nuestras manos deberían encontrarse al final de las cuerdas, encontrarse y detenerse un instante, una sobre la otra.

Cuando regresemos a San José, todo habrá terminado. Por ahora el olor de la hierba húmeda, la sensación de tu espalda caliente, el sabor de estas naranjas, son suficiente. Nos atan a un lugar en fuga. Un sitio que se diluye junto con las hojas secas que caen en la corriente.

Vas a decirme ahora que tenés ganas de besarme. Voy a decirte ahora que lo hagás.

Supongo que estuvimos acá antes, para nunca más volver. Cuando aún no habíamos pasado por nada de lo que pasamos, cuando todavía podía confiar en tu desconfianza, depender del azar que nos uniera en algún momento, aislado en medio del bullicio, de la suciedad. Sí, yo estuve acá mismo, esperándote. Y tenía la sensación de que vos estabas esperándome en otra parte.

La brisa mueve tu pelo. Si tenés ojos, los tenés para ver este valle. Si naciste fue para estar acá, muerto de frío, en silencio. Y para que yo te viera. Lo único que me ha dado la vida es la oportunidad de verte, y no hay cómo agradecer tanto.

Cuando regresemos, ya no me vas a esperar como antes. Ya no vas a buscarme. Ya no vas a quererme. Y me siento bien con eso, porque al menos tengo este momento, en medio de un valle al que no podemos ponerle nombre, o correremos el riesgo de perderlo para siempre, de tener que borrarlo del mapa.

No quiero oír más. No quiero saber más. No quiero sentir más.

La fuga. El placer de huir.

¿Puedo cantar?

Listen, do you want to know a secret? Do you promise not to tell?

Quiero que me mirés de frente porque va a ser la última vez que lo hagás con tanto cariño; abrazame con fuerza porque va a ser la última vez que lo sintás natural, correcto, tu deber, tu placer, que sintás que en mí tenés adonde acudir. Luego me voy a fugar. Voy a huir.

Me hubiera gustado saberlo entonces. En el valle. En los ríos. Sobre la hierba, acostado junto a vos, robándote tiempo. Pidiéndote, como siempre, demasiado.

En unos veinte años, voy a pensar en vos bajándome de un bus. Nunca voy a entender nada. No me voy a hacer más feliz conforme crezca, no voy a querer nada del mundo.

Voy a estar ahí, con vos, en fuga. En lugares en fuga.

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