Luces que no se apagan

Dame la mano debajo del asiento, cuando vayamos a la par en un bus, para que nadie vea.

Llevame a algún lado hoy en noche. Donde haya música y haya gente viva y joven. Cantemos.

Pensar que podría meter todo acá sería absurdo. Y debería abstenerme de intentarlo. Por tu bien y por el mío. Todo lo que pudo haber sido dicho ya fue dicho. Pero perforado por la música y removido desde adentro, escribo por inercia, sin plan ni programa, sin gusto ni tacto, sin idea de por qué alguien querría leer esto. Al rato ni vos.

Viviré ayer, viví hoy, vivo mañana. Así que no, perdón, pero no puedo vivir de ningún recuerdo porque nunca han empezado a serlo, nunca he dejado de vivirlos, nunca he dejado de estar allá, nunca voy a dejar de estarlo.

Porque estuve a la par tuya desde mucho antes de conocerte y lo voy a estar cuando ya no me hablés, me pasés a la par en la calle y no me reconozcás.

Sé que yo no calzo ya. Sé que por mi propia culpa todo cuanto pudo haber sido y todo el arrepentimiento, y toda la duda, y todo el placer, y todo el deseo, todo fue sepultado, todo fue barrido, todo fue anulado. Lo que queda son restos y sobros. Y te merecés más que eso. Siempre te has merecido más que eso. Me gustaría meter palabras pretenciosas acá, para distanciarme un poquito más, para cubrirme en una posición segura. Pero vos sabés que cuando me altero, me da por hablar así, y no ocupo palabras muy elevadas, me bloqueo, te empiezo a explicar cosas que leí y que ninguna relación tienen con lo que estás pensando, ni entendés, ni te importa, pero me sonreís como para aclararme que sí entendiste y que sí estoy siguiendo una línea coherente. No lo estoy haciendo. Nunca lo he hecho.

Llevame adonde sea, no me importa, no me importa.

¿Adónde querés ir? Adonde querás llevarme.

Y si un bus de dos pisos choca contra nosotros, morir a la par tuya sería una manera tan gloriosa de morirse; y si un camión de diez toneladas nos mata a los dos, bueno, el placer y el privilegio son míos.

Siempre me he robado letras de canciones, poemas, te he hablado de películas, te he hablado de libros, te he hablado de ideas, te he hablado de proyectos, ¿te he hablado de mí? ¿Te he contado que por dentro, allá, muy adentro, no tengo nada? Porque nunca he tenido nada, y lo más cerca que estuve de llenarme de algo fue cuando casi estuve lleno de vos.

Dame la mano entre las piernas, cuando vamos a la par en un bus, para que nadie vea. Llevame a mi casa hoy en la noche. Dejame con un beso, uno pequeño cuando no esté pasando ningún carro para que nadie vea. Dame la mano por demasiado tiempo, frente a los demás. Caminemos un poquito atrás del resto para decirnos que nos queremos. Despertame a las siete de la mañana para decirme que estás conmigo. Reíte cuando no sepamos qué decir. Peiname en el baño. Enojate conmigo cuando no puedo comer con vos. Llorá de felicidad cuando te abrace. Extrañame por no verme un fin de semana. Poneme atención aunque no tengás idea de qué estoy diciendo. Mintamos, digamos que tenemos algún deber, algo que hacer, para irnos a sentar a la par, para estar cerca un ratito más. Dame la mano en un taxi y quedate demasiado tiempo viéndome desde la ventana del bus. No comamos por estar abrazados, en silencio.

Dejame dedicarte canciones que no entiendo. Dejame hacerte ver películas aburridas. Dejame hablarte de todo lo que no ha pasado, porque si te hablo de lo que ya pasó, me daría cuenta de que nunca ha amanecido, nunca ha anochecido, y solo he estado ahí, extendido en una tarde interminable, antes de que hiciera demasiado frío, el zacate se viera cómodo, no hubiera nadie alrededor, me dieras la mano, me dejaras poner la cabeza (mi cabezota) en tu pecho y decirte que nunca en toda mi vida he estado más feliz, que nunca voy a estarlo.

Cuando me pasés a la par en la calle y no me reconozcás, es probable que yo lo haga. No te estoy diciendo que me hayás querido menos. Te estoy diciendo que te quiero demasiado.

En todo caso, ya sé cómo te vas a ver cuando seás viejo. Aún no te va a gustar el reggae. Nunca van a haber suficientes limones en el mundo para vos. Y yo nunca voy a dejar de extrañarte.

Tenés una forma particular de decir “Fer”. Decime así. Alguna tarde de éstas.

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8 comentarios en “Luces que no se apagan

  1. Un relato sumamente nostágico, lleno de deseos y ternura para inspirar a la otra persona con pequeños detalles que a la larga no sean pequeños por que formarían parte de la felicidad y eso es ya muy importante, me ha conmovido, y lo he disfrutado cada palabra. me ha encantado de veras. Esperaré para volver a leerte. Un abrazo.

  2. Increíble, saco lagrimas fer, me encanto, especialmente el párrafo que empieza con “Dame la mano entre las piernas….”
    Very very touching, really..

  3. Wow… realmente me dejo frío!!
    Que duro, pero que bello
    los mejores textos son los que el corazón emana y la mano digita juank ❤

  4. Hermoso… muy hermoso. Capta las pequeñas cosas que emocionan. Esas que para alguien que no está enamorado, son banales. Hermoso, en serio.

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